EL MEJOR TRABAJO DEL MUNDO

Hola a tod@s.

Algunos no opinarán lo mismo pero os aseguro que tengo el mejor trabajo del mundo. Y digo que no opinarán lo mismo porque no todos los maestros o profesores son de vocación (gran error) y lo que hace que estén cansados o desmotivados. Nuestra profesión (a simple vista) parece que sea fácil, cómoda, y algunos nos envidian por el horario que tenemos o las vacaciones que disfrutamos (que, en algunos casos, no es tanto como parece). ¡Qué equivocados estáis! ¿Os habéis preguntado alguna vez todo el trabajo que hay detrás de una clase o un curso escolar? Pues os puedo asegurar que es mucho y hay que dedicar bastante tiempo en casa.

Yo sí que creo que tengo un trabajo envidiado por todos pero no por lo que he dicho antes, sino por los verdaderos protagonistas: los alumnos, mis niños. Es lo mejor de mi profesión, ver cómo aprenden, cómo disfrutan o cómo siguen todos tus consejos. Cuando tienes una tutoría con unos padres y te dicen una y otra vez lo contentos que están con tu trabajo y lo agradecidos que están con lo que estás causando en su hijo o hija, eso no tiene precio. Y cuando ves eso mismo día a día en tu clase con tus alumnos, que te den un abrazo los peques cada vez que entras en el comedor y te estrujen o que oigas tu nombre una y otra vez mientras vas saliendo hacia casa al final del día, hace que se te olviden los problemas y te des cuenta de lo maravillosa que es tu profesión.

En lo poco que llevamos de curso, mis niños de este año han tenido varios detalles conmigo. El segundo día ya tenía una pulsera hecha por una niña con todo el amor y el cariño del mundo. Dos semanas más tarde otra me regaló un botecito de chuches “Nubes rosas para días grises”, de Happy Pills. Se fue a un concierto y pasó el fin de semana en Barcelona y se acordó de mí. Estuches de Mr. Worderful también han caído en mis manos gracias a mi gran chico (del que estoy súper orgullosa por el cambio que está teniendo este año). Y la última sorpresa me ha encantado y ha empujado a que haga este post.

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Me ha gustado porque estoy empezando a inculcar (o a hacer que unas niñas descubran) una afición que despierta la creatividad, favorece la concentración, la toma de decisiones y ¡es preciosa!. Estoy hablando del scrapbook, que ya sabéis que soy una gran fan. Durante un tiempo han estado trabajando en secreto y en equipo, otro valor añadido, para darme esta sorpresa. Además, el scrap, también ha hecho que unas niñas que no se conocían mucho se conviertan en unas verdaderas amigas y está naciendo una bonita amistad entre ellas.

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No me digáis que no es adorable que dediquen sus ratos libres, sus patios o momentos para relajarse, pensando en ti y queriendo sacar lo mejor de ellas.

Chicas, sé que estaréis leyendo esto ahora mismo y espero que os devuelva, aunque solo sea un poco, el cariño que me estáis demostrando. Cuando un día hablando comenté que en alguno de mis posts nombraría a alguien de la clase (después de que me dieseis vuestro regalo) vuestras caras de alegría y emoción al pensar que podríais ser vosotras me hicieron reiterarme en lo que pienso. ¡¡Tengo el mejor trabajo del mundo!! Así que gracias, gracias y gracias.

Y a todos los que sois maestros, deciros que los niños también necesitan de nuestro cariño (y no solo de los conocimientos que les transmitimos). Para ellos somos como sus “segundos padres“, somos y seremos figuras importantes en su vida. Seguro que todos recordamos a aquellos profesores que nos han marcado, pero no por lo que nos han enseñado, sino porque hemos conectado con ellos, nos han motivado, ayudado, dado todo su cariño. Vosotros que sois docentes, ¿queréis pasar desapercibidos en la vida de vuestros alumnos? ¿O queréis que os recuerden siempre como uno de sus profesores preferidos? Hagamos un examen de conciencia y valoremos de vez en cuando nuestra práctica docente. No olvidéis que trabajamos con personas y que algún día pediremos a los profesores de nuestros hijos que lo hagan.

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Hasta la próxima.

 

 

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SUPERHÉROES INVISIBLES!!!

Hola a tod@s.

¡Cuánto tiempo sin pasarme por aquí! ¿Me habéis echado de menos? Yo, la verdad es que sí, pero entre el trabajo y los niños a veces se me hace un poquito imposible. Pero… ¡ya estoy de vuelta!

Hoy no vengo a enseñaros lo que habitualmente hago. Hoy toca un poquito de reflexión. Y una mención especial a unas grandes personas que ni nos damos cuenta de que existen. Son esos superhéroes invisibles que dedican su tiempo libre de manera gratuita, sin pedir nada a cambio y con unas ganas e ilusión increíbles, que hacen que la vida de otras personas sea mejor.

Me estoy refiriendo a los voluntarios en general, pero sobre todo a los voluntarios de la Casa Ronald. Tengo la suerte de conocer de cerca la labor que hacen y haber estado en la Casa Ronald de Valencia y me gustaría poner mi granito de arena dándolo a conocer a todos los que me estáis leyendo.

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Algunos de vosotros tal vez nunca habréis oído hablar de ello, otros (si sois consumidores de McDonald’s) habréis visto una pequeña urna el mostrador de los restaurantes para echar el cambio y colaborar con un pequeño donativo. O tal vez ya los conozcas.

Pues bien, la Casa Ronald es una auténtica casa, “un hogar fuera del hogar”, para todos aquellos niños que tienen que estar hospitalizados largas temporadas por alguna enfermedad y se tiene que desplazar de su ciudad o otra. Imaginaos esta situación: tenéis un hijo al que le han diagnosticado una enfermedad grave y el mejor hospital para él, donde lo van a tratar mejor y lo pueden curar, está a muchos kilómetros de vuestra casa. Esto supone varias cosas: la familia se separa, ya que solo se puede quedar un acompañante; la familia entera se desplaza, lo que supone una gran gasto económico en hoteles; o, si no se tienen recursos, incluso se puede plantear la opción de quedarse en el coche y malvivir.

La Casa Ronald nace para que estas familias, puedan vivir en condiciones y de la mejor manera posible mientras se tiene a un niño enfermo. Pero no solo es eso, que ya me parece digno de alabar, sino que unos voluntarios se encargar de hacer que la vida de estos niños sea lo más feliz posible.

Yo conocí la Casa Ronald por una compañera de trabajo, que colabora activamente en ella. Un día que iban a hacer un taller de cupcakes, me dijo que si quería ir. Y yo, como experta repostera en estos dulces, cogí mi máquina, mis bártulos, mi gorro de cocinera, y a mi chiquitín, y nos fuimos para allá.

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Desde ese me volví una fan incondicional de la Casa. Está perfectamente acondicionada para recibir a unas 15 familias (si no me equivoco) cada una con su habitación y baño privado, como si fuera un hotel. Pero, además, tienen lavadoras y secadoras, así como su nevera y despensa para poder tener su propio espacio como si de su casa se tratase. Pero lo que más me gustó es que, para que no parezca que están en un hotel y para que se convierta realmente en un hogar, las habitaciones no tienen números, sino que son animales: el pingüino, la ballena, etc. Tienen una gran cocina, con diferentes partes para cocinar, totalmente acondicionadas, un comedor común, dos salones (donde celebran fiestas) y una zona de juegos para los niños con todo lo que os podáis imaginar, para todas las edades. Además, tienen un jardín para tomar el aire y jugar cuando hace buen tiempo, ¡y su propio huerto! La Casa está llena de color, lo que la hace un lugar ideal para que los niños y sus familias pasen de la mejor forma posible esos momentos tan difíciles.

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Semanalmente, los voluntarios realizan actividades y talleres para que los niños se diviertan, aprendan, rían y no se sientan “enfermos”. Hacen yoga, cupcakes, manualidades, etc. Cada vez que se acerca una época del año importante, como Navidad, Fallas, Pascua, Halloween… los niños se encargan de decorar toda la casa con la ayuda de los voluntarios. También reciben visitas especiales como el Payaso Ronald, los personajes de alguna película o serie que les guste o, incluso, algún famoso. ¡Les encanta!

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Lo cierto es que es un lugar maravilloso, mágico y todo esto es gracias a esos superhéroes invisibles: los voluntarios. Se desviven por los niños, hacen de todo para alegrarles el día, se estrujan el cerebro por pensar actividades divertidas y únicas. Y, repito, sin pedir nada a cambio. Pero también sufren, porque es muy duro llegar un día a la Casa con un montón de cosas para hacer y encontrarse que han tenido que ser ingresados, que han tenido una recaída, que los niños están muy débiles, o recibir una mala noticia. Y, en esos momentos, tienen que hacer de tripas corazón, sacar la entereza y la fortaleza que tienen, y recibir al resto de los niños con la mejor de sus sonrisas. Eso los hace ser increíbles.

 

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Reconozco que me gustaría ser voluntaria, estar más tiempo en la Casa, pero mi vida personal, ahora mismo, no me lo permite. Así que intento ayudar de todas las formas posibles y por eso os lo cuento, para ver si alguien se anima. Si tienes una Casa Ronald cerca puedes ir a visitarla y seguro que te reciben con los brazos abiertos, porque son todo corazón.

Este viernes se celebró el McHappy Day, un día en el que si pedías un Big Mac, todos los beneficios iban destinados a las Casas Ronald. Yo, por supuesto, no podía faltar, así que moví a toda mi familia y nos pedimos los Big Mac (aunque reconozco que es una hamburguesa que no solemos pedir, pero por una buena causa lo que sea).

 

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Hace un mes, más o menos, hubo un concierto benéfico de Seguridad Social en favor de la Casa Ronald de Valencia y, por supuesto, también estuve allí con unos amigos a los que les agradezco enormemente su colaboración (y el buen rato que me hicieron pasar).

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Y, como esto, hay muchos pequeños detalles a lo largo del año con los que podemos colaborar y contribuir a una buena causa. No nos cuesta nada, es más, disfrutamos de ello: de un concierto, de una deliciosa hamburguesa…

Espero que esto sirva para que reflexionemos un poco, para que nos pongamos en el lugar del otro y para darnos cuenta de que puede que algún día nosotros necesitemos de su ayuda y nos gustaría que nos la diesen. ¿Me ayudáis a que esos superhéroes dejen de ser invisibles? Compartidlo con todos vuestros contactos, corred la voz, animaros a colaborar… Lo que sea, pero vamos a quitarles el antifaz y a ponerles nombres y apellidos. Esto va por vosotros: Bea, María, Crisitina, Diana, José, Domingo, Pepi, Neus, Mireia, Loreto, Manolo, Pablo, Inma… y un largo etcétera. ¡Sois muy grandes!

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Hasta la próxima.