¡Qué frío!

“A Pepito le dio por los pitos”.

Así comienzo mi post de hoy, en honor a mi querida madre, quien últimamente ha “descubierto” las agujas de tejer y no hace más que tricotar, como dice ella. Nos ha hecho bufandas a todos, incluso gorros, de diferentes maneras y colores. Y lo cierto es que me da envidia porque lo hace tan rápido y tan bien…

Así que con el frío que está haciendo estos días, y aprovechando que hoy nos tenía a todos en casa, le hemos pedido que nos diera unas clases y hemos aprendido a tejer. Tengo que reconocer que lo suyo no es la enseñanza, pero al final le hemos cogido el tranquillo. Nos hemos juntado tres generaciones y hemos pasado una tarde divertida, entretenida y educativa. Como alumnas estábamos mi sobrina y yo (y mi tía, que ha aprovechado para recordar cómo se daban los puntos). Digo que hemos pasado una tarde educativa porque, además de aprender algo nuevo, hemos hecho que los niños (en este caso mi sobrina) adquieran ciertos valores que pasamos por alto, como retomar habilidades y costumbres que se están perdiendo con el paso de los años.

Aprendiendo a tejer, me he acordado de uno de los talleres que hemos propuesto este año en mi colegio que es el de costura y me he dado cuenta de lo importante que es, y de la cantidad de cosas que puede aportar al estudio. Cuando estás cosiendo o, en mi caso, tejiendo, necesitas estar concentrado, observando bien las agujas y los puntos, contando, y desarrollando habilidades manipulativas.

En pocos días, empezaremos los exámenes de evaluación en el cole y los niños están nerviosos. Sienten esa presión que a veces no les deja concentrarse y en clase hemos estado hablando de lo importante que es estar centrado en aquello que estás haciendo.

¿Cuántas veces hemos estado haciendo algo y hemos tenido la cabeza en otra parte? ¿Cuántas veces nos hemos equivocado porque nos ha faltado concentración? Seguro que muchas, yo muchísimas. El tejer es un buen entrenamiento mental; yo lo he podido comprobar hoy. Además de que te relaja, te evade de los problemas, de las preocupaciones.

Hoy ha sido la típica tarde que estamos en casa sin saber qué hacer; que estamos aburridos; no apetece salir fuera a jugar porque el tiempo no acompaña… Y ha acabado siendo una tarde en familia, en la que hemos aprendido, reído, disfrutado y, lo mejor de todo, compartido tiempo de calidad.

Os invito a que probéis esta terapia de tejer, o, al menos, veáis todo lo que nos puede aportar. Que dejéis de verlo como algo que hacían las abuelas, como algo que ya no tenemos tiempo de hacer, y os sentéis a probarlo. El mundo del DIY es muy agradecido porque cuando acabas el trabajo que estás haciendo (aunque no haya salido todo lo bien que tú esperabas) te sientes bien contigo mismo, te sientes capaz de seguir intentándolo, te sientes motivado por haber conseguido tu objetivo. Pero, cuidado, porque puede ser adictivo 😉 conmigo pasó; una vez que empecé a hacer cosas no he podido parar (jijiji). Así que animaros (y os lo dice alguien que hoy ha aprendido lo más básico de lo más básico). Conforme vaya mejorando mi técnica y haciendo cosillas os lo iré contando.

Hasta la próxima.

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La vida es un viaje, no un destino

Buenos días a tod@s.

Hoy empezamos un nuevo mes, febrero, y cuando le he dado la vuelta al calendario me he encontrado con este mensaje. Me he parado un momento a leerlo y me he dado cuenta de lo importante que es, para mí y para mucha gente que tengo a mi alrededor. Y estoy segura que para muchos de vosotros también.

Últimamente siento que todos vamos corriendo, agobiados, estresados… Pensamos en el trabajo, en el dinero, en los compromisos… Me da la sensación de que cada vez nos estamos volviendo más egoístas, pensamos más en nuestras cosas, no hacemos más que ver los problemas y dificultades que tenemos a nuestro alrededor (que muchas veces no son para tanto), pero lo “magnificamos” tanto (como dirían los de la casa de GH) que nos pasamos el día quejándonos y hace que nos olvidemos de lo más importante.

Yo también he estado metida en esta espiral. Yo también he estado viviendo en el estrés y en el agobio. He dejado de mirar a los demás porque mis cosas eran muy importantes. Pero la vida cambia. Mi situación cambió. Vino al mundo mi primer hijo y me hizo abrir los ojos. Pero desde que nació mi segundo bebé, lo tuve clarísimo.

Lo más importante no son las cosas materiales sino los pequeños detalles; esas cosas que en tu día a día pasan desapercibidas pero están ahí y necesitan de ti. Tu familia, tus hijos, tu pareja, la amistad. Hay que dedicar tiempo a estar con ellos, a escucharlos, a jugar, reír, salir a tomarte algo… Porque la vida pasa y hay que disfrutarla. Hay que vivir el momento, el día a día, y disfrutarlo al máximo. Esto es algo que nos está repitiendo mucho mi querida Directora del cole. Y tiene toda la razón. Y hay veces que tenemos que pasar por situaciones difíciles y que hagan replantearte las cosas para darte cuenta de lo que realmente importa.

Yo también pasé una situación complicada que me hizo valorar lo más importante y que no hace falta tener tantas cosas para ser feliz, solo estar en paz contigo misma, y disfrutar de tu gente.

El post de hoy no habla sobre todas esas cosas que digo que me caracterizan (la cocina, el DIY, etc.) pero, sin darme cuenta, he rescatado de mi baúl una reflexión que creo que nos vendrá bien a todos. Y quiero dedicarlo a todas esas personas que se encuentran en esa espiral, que no lo están pasando bien, y que no encuentran la salida. Especialmente a algunas amigas con las que últimamente estoy hablando del tema y las animo a que busquen el tiempo necesario para cada cosa.

Y creo que con eso os dejo, con que busquéis y dediquéis tiempo para todo. No quiero que penséis que estoy diciendo que el trabajo no es importante (y más en los tiempos que corren). Pero vuestro trabajo acaba cuando acaba vuestra jornada laboral, y os lo digo por experiencia porqur ya sabéis que soy maestras y yo creo que somos de las pocas profesiones que hacemos muuuuuuchas horas extra en casa que nadie nos paga (preparar fichas, exámenes, corregirlos, planificar las clases, etc.). En el momento en el que lleguéis a casa hay que vivir, disfrutar de vuestro tiempo libre.

Así que mañana, cuando llegues a casa y dejes tu bolso o cuelgues tu chaqueta, dale un beso enorme a tus hijos y juega con ellos hasta que os canséis; llama a un amig@ y salid a tomar algo; sal a corer, ves al gimnasio o haz un poquito de deporte; date un baño de espuma relajante; ponte la música a tope, hazte una cena deliciosa y tómate una copita de vino.

En definitiva, HAZ LO QUE TE HAGA FELIZ y tómate tu tiempo. Porque, recuerda: la vida es un viaje,un viaje maravilloso, no un destido.

Feliz domingo a tod@s.

Hasta la próxima.